A qué no habrá cantado nuestro vasco por excelencia… La ciudad eterna no podía ser menos y, como apreciamos en este tema, Mikel Erentxu quiso dedicarle una canción escrita desde el espejo. Una historia de amor, como otras muchas, que transcurren en las calles de Roma, de esa ciudad eterna a la que, según Mikel, le quedan unos cuantos días contados, quizás como al amor del que nos habla.
Ningún monumento romano puede compararse al amor del que Erentxun hace gala en este tema en el que, entre la fuente de los deseos por conceder, y esa otra en la que el deseo espera paciente a ser apagado, Mikel nos ofrece una de esas visiones de la ciudad a través del espejo de la memoria, de los momentos vividos y recordados gracias a la simbiosis de la pluma y el papel a la hora de crear la letra de este tema y de la música y la voz a la hora de interpretarlo.
Y es que, ¿quién no se ha enamorado en la ciudad eterna?…
Tú me enseñaste a ver Roma en el espejo y a quererlo atravesar.
Tú me ayudaste a ver en mi oscuridad una noche de sol.
Hay una fuente cerrada por todos los deseos que se negaba a conceder.
Y hay otra fuente aquí donde te deseé al empezar a anochecer.
Pensaré que la ciudad eterna tiene los días contados,
que cualquier cosa es más pequeña que todo nuestro amor.
No, no quiero promesas, tú sólo dame un día y yo pondré otro día más.
Hoy… hoy quiero estar contigo en búsqueda y captura y no tener que escapar.
Pensaré que la ciudad eterna tiene los días contados,
que cualquier cosa es más pequeña que todo nuestro amor
Roma, la ciudad eterna… aunque no hay que irse tan lejos para conocer una ciudad perfecta. Hoy te recomiendo que visites los Hoteles en Sevilla más fastuosos. No dejes escapar una ocasión así.
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A qué no habrá cantado nuestro vasco por excelencia… La ciudad eterna no podía ser menos y, como apreciamos en este tema, Mikel Erentxu quiso dedicarle una canción escrita desde el espejo. Una historia de amor, como otras muchas, que transcurren en las calles de Roma, de esa ciudad eterna a la que, según Mikel, le quedan unos cuantos días contados, quizás como al amor del que nos habla.
Ningún monumento romano puede compararse al amor del que Erentxun hace gala en este tema en el que, entre la fuente de los deseos por conceder, y esa otra en la que el deseo espera paciente a ser apagado, Mikel nos ofrece una de esas visiones de la ciudad a través del espejo de la memoria, de los momentos vividos y recordados gracias a la simbiosis de la pluma y el papel a la hora de crear la letra de este tema y de la música y la voz a la hora de interpretarlo.
Y es que, ¿quién no se ha enamorado en la ciudad eterna?…